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"Bruma" de Luis Fernando Iglesias

"Bruma" de Luis Fernando Iglesias

Equipo Editorial CAU

"La Comisión de Cultura tiene el privilegio de contar entre sus integrantes a Luis Fernando Iglesias, destacado abogado, docente, periodista cultural y escritor, quien ha enviado generosamente tres cuentos para publicar en CAUCultura. Publicamos hoy el primero. "

BRUMA

Luis Fernando Iglesias

Hay bruma afuera, lo que da a los árboles un contorno difuso y hace que la tarde parezca invernal. La estufa eléctrica ha estado encendida por horas. Cuando se apague, la calidez del interior comenzará a extinguirse y el aire recuperará el frío. El hombre observa los árboles detrás de la ventana del dormitorio y tiene ganas de fumar, aunque ya no fuma. Sabe que sería inaceptable hacerlo en ese cuarto —por eso tiene ganas— mientras el sonido apagado de una cisterna le llega de lejos. A ese sonido le seguirá la diminuta lluvia del bidé donde la mujer se demorará unos segundos hasta que ningún rastro suyo quede en el cuerpo. “Lástima”. Ella confesó que una vez prefirió no bañarse para que su olor le dejara un sendero en el sueño.

 Las cosas cambian. Algún día —lo sabe— esa tarde se transformará en una sensación confusa, inasible, que no tendrá paisaje donde apoyarse. Desaparecerá ese ruido a lluvia diminuta, el detalle de la estufa, su olor. Todo esfuerzo de retención es vano.

Hay bruma afuera y los árboles, que poseen un contorno difuso a causa de la bruma, tienen las hojas de un incierto color amarillo. Ante la ventana, por donde el hombre mira a los árboles que están tomando un color amarillo en sus hojas y que tienen los contornos difusos por la bruma, hay un pequeño florero. Los reflejos de la niebla difuminan la silueta de las flores que parecen pegadas al vidrio.

Terminan las rutinarias ceremonias del final. Ella vuelve al dormitorio y comienza a vestirse. Mientras levanta la ropa del piso, la luz de la ventana le da un cierto aire irreal. La niebla parece terminar en el cuerpo de la mujer. Ajusta a sus caderas una diminuta prenda que se acomoda rápido a ella, como si perteneciera a esa zanja y no a otra.

—Los árboles, con esas flores delante y la niebla... parece un cuadro.

—¿Un cuadro de quién?

—No sé, yo no entiendo de pintura.

La mujer mira por la ventana y presta atención al árbol que está más cerca de la puerta de entrada. Termina de calzarse el jean. El soutien negro cubre unos pechos pequeños, redondos, maleables, perfectos. Busca una camisa celeste, da tres o cuatro fuertes cepilladas a su pelo.

—Las hojas tienen ese color en esta época del año.

—Tarde ideal para dormir la siesta —dice él.

—Para eso hay que sentir que todas las tardes son iguales. Nunca vamos a dormir una siesta.

Mientras terminan de arreglar la cama un aguacero cae sobre los árboles. Se levanta viento, la niebla cede. Salen del cuarto. El cambio de temperatura se le mete en los pulmones. Ella se sirve un vaso de agua al tiempo que hace una llamada para justificar su tardanza. Pide diez minutos más. Cierra el celular mientras se acerca al hombre que ya no tiene ganas de fumar o quizás nunca las tuvo. La mujer lo besa y se abrazan brevemente. El futuro es otra cosa y todo cambio degradará. Lo saben, pero ninguno lo dice, acaso para mantener una coartada. El hombre siente el agua caer como una amenaza mientras, detrás de la lluvia, permanece el resto del día.

—¿Te alcanzo? Llueve...

—Sí, dejame donde puedas

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Publicado en el libro Historias Infieles (Estuario, Montevideo, 2010)

Artistas mencionados en este artículo

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